¿Qué tipo de cáncer tuviste?
Cáncer de próstata en estado 3 con metástasis en el hueso sacro.
¿Qué síntomas tuviste?
No tuve ninguno de los síntomas típicos del cáncer de próstata, que tienen que ver generalmente con dolor o ganas de miccionar con mucha frecuencia, urgencia y poco volumen. En realidad me lo diagnosticaron gracias a Dios de pura casualidad. Me estaban haciendo unos controles de seguimiento por un problema digestivo que había tenido, dado que apareció un síntoma nuevo relacionado con los riñones y me pidieron otros marcadores, entre ellos el PSA y este salió elevado. Ahí comenzó todo.
¿Te extrajeron la próstata?
Cuando hay metástasis, como era mi caso, no se aconseja la cirugía para extraer la próstata.
¿Tuviste tratamiento de quimioterapia o radioterapia?
No tuve ninguno de los dos. Por un lado la quimioterapia no se utiliza para el cáncer de próstata, al menos cuando está en etapa inicial. Al parecer no ha demostrado efectividad en este tipo de cáncer.
La radioterapia suele utilizarse en el cáncer de próstata, aunque en mi experiencia depende bastante del caso particular y del criterio del médico. En cualquier caso no está entre las «armas» que se utilizan de la partida en todos los casos de cáncer de próstata. Sí es más frecuente utilizarla cuando está avanzado y hay múltiples metástasis. Ninguno de los médicos que me ha visto hasta el momento me lo ha planteado.
Aquí comparto algo personal. Desde mucho antes de que yo tuviera un diagnóstico de cáncer, a partir de los casos de personas cercanas que había visto morir de cáncer, ya había tomado la decisión de que si enfermaba de cáncer, no me sometería a la quimio ni a la radio.
En base a mi diagnóstico y al estado de desarrollo, el médico no planteó radio ni quimio pero yo como dije, ya tenía claro que si me lo planteaban me negaba.
El tratamiento que seguí se llama terapia de bloqueo hormonal, que es específico para el cáncer de próstata.
¿Hiciste otras cosas además del tratamiento convencional?
Luego de comenzar el tratamiento convencional, trabajé en paralelo tratando de apoyar en todo lo posible de manera de tener las mayores posibilidades de recuperarme. Busqué alternativas y comencé casi de inmediato a trabajar con una terapeuta que me guió a hacer cambios en mi vida.
Así fue como comencé a seguir una dieta ovo vegetariana, con restricción total de azúcar y con enfoque naturista, lo que saca de la lista a todos los alimentos procesados. El cambio también consideraba la administración de suplementos (echinacea, ganoderma, uña de gato, etc.).
Tal como más adelante aprendí, la salud tiene tres facetas que están interrelacionadas y que no es posible tener salud integral si las tres facetas no están en equilibrio. Estas 3 facetas son: Salud física, salud emocional y salud espiritual.
Desde ese enfoque, con la persona que me ayudaba buscamos trabajar en las tres facetas. En cuanto a lo físico hice el cambio radical de alimentación, comencé a hacer ejercicio en forma regular, a respetar mis 7 a 8 horas de sueño, entre otros aspectos.
En cuanto a lo emocional, esta faceta es muy importante y no suele dársele la importancia que merece. En mi blog he escrito bastante sobre la importancia de las emociones, no sólo para reducir el riesgo de desarrollar cáncer sino también para apoyar en la recuperación.
¿Cuáles son las características de tu dieta actual?
Tal como dije antes, cuando recién hice el cambio de alimentación seguía un régimen ovo vegetariano, eso significa que la única proteína animal que consumía era el huevo. Mis comidas estaban llenas de vegetales de distinta naturaleza, considerando fuentes de proteína como las menestras, la soya, la quinua, las nueces y las semillas. Por supuesto, también consumía frutas.
Otro aspecto importante fue que sólo consumía productos derivados de granos integrales como el arroz y el trigo integral, sólo con algunas excepciones. De más está decir que no consumía ningún producto de comida procesada.
Un cambio de alimentación radical como el que realicé, no podía llevarse a cabo sin dificultades, a pesar de que mi alimentación antes del diagnóstico no era particularmente mala. Si bien después de comer el almuerzo mi comida principal, me sentía satisfecho, a la hora o dos horas ya me sentía con hambre y tenía que estar preparado con snacks aptos para mi dieta, para poder sostenerme hasta la siguiente comida. Claro que a medida que pasaba el tiempo ya me iba acostumbrando y pudiendo aguantar sin problemas las horas en que no comía.
Tuve que pensar también en los snacks
Mi snack preferido en la mañana era un plátano con un puñado de maní, del que es horneado y sin sal, para evitar el aceite. Por las tardes el snack era generalmente un puñado de maní.
Sin embargo, a medida que fui aprendiendo más sobre cuáles deben ser las características de una dieta que sirva para reducir el riesgo de enfermedades crónicas y por supuesto apoyar a una persona que está en tratamiento de cáncer fui variando mi alimentación, incorporando proteínas animales, buscando que haya una complementación entre fuentes de proteína animal y vegetal para asegurar que el cuerpo obtiene todos los nutrientes que necesita.
Naturalmente, el criterio general seguía siendo válido, es decir la alimentación debe estar compuesta predominantemente a base de plantas, con la participación puntual de proteínas animales. Cuando hablamos de proteínas animales es importante comprender de dónde provienen, ya que hoy en día la mayor parte de las carnes que se pueden conseguir en el mercado provienen de animales criados en forma convencional, lo que significa que el perfil nutricional no es adecuado, además que involucra el riesgo de ingerir antibióticos y hormonas, los que son administrados a los animales a lo largo de la crianza. Por esa razón priorizo el consumo de carnes que provienen de animales criados en forma natural, siempre que sea posible. En el caso de los pescados es recomendable evitar en lo posible aquellos que provienen de un criadero. Siempre será posible conseguir especies de pescado nutritivas que han sido capturadas en forma salvaje.
¿Cómo evaluabas tus avances?
Desde el diagnóstico hasta ahora he tenido controles de laboratorio cada 3 meses, principalmente del PSA y en algunos casos de la testosterona. También cada cierto tiempo, digamos cada año o dos, he tenido controles de imágenes para tener una retroalimentación sobre cómo va la enfermedad, más allá de los síntomas. Siempre era una gammagrafía de cuerpo entero, estudio que sirve para analizar las lesiones en los huesos. Adicionalmente, una tomografía o resonancia de abdomen, para revisar la próstata y los demás órganos.
Aunque a lo largo de mi proceso con el cáncer siempre decidí «tomar control de mi salud» (un aspecto importante que debe considerar cualquier persona que experimenta una enfermedad crónica), no he dejado de hacerme los controles de laboratorio. Con tomar control de mi salud me refiero a que siempre fui yo quien decidía si aceptaba lo que me proponía el médico, en función a mi evaluación de toda la información que tenía disponible sobre mi caso, inclusive el conocimiento de cómo me estaba cuidando y los síntomas que tenía.
A los 3 años dejé el tratamiento
Así fue como a los 3 años de tratamiento le propuse a mi médico dejarlo y continuar haciendo sólo los controles trimestrales. No fue sencillo convencerlo, sobre todo si tenemos en cuenta que desde el punto de vista de la medicina convencional es necesario seguir los protocolos establecidos y en mi caso eso significaba seguir con el tratamiento en forma indefinida. Adicionalmente, dado que a medida que pasaban los meses el PSA iba subiendo lentamente (con la inyección el PSA se mantiene en un nivel cercano a cero). Por un tiempo se mantuvo por debajo de 4, pero luego comenzó a estar por encima de 4 y mi médico me insistía en que deberíamos regresar a las inyecciones, a lo que yo me negaba porque estaba convencido de que el cáncer estaba bajo control y que el valor del PSA podría estar elevándose por otras cosas relacionadas con la edad.
Es cierto, yo investigué sobre el PSA y la edad y al parecer es aceptable que este marcador llegue a un nivel de 6 o incluso 7 en personas mayores de 60 años. Yo sostenía que debían haber otras razones por las que el PSA se elevaba, diferentes a que el cáncer podría «estar volviendo» que es lo que me decía el médico.
Eventualmente accedí a regresar a las inyecciones. Claro, no estaba loco y mi intención no era jugar a la ruleta rusa. Yo estaba convencido de que el cáncer ya había entrado en remisión y que con todo lo que estaba haciendo era poco probable que regresara. En ese contexto no debería necesitar las inyecciones, pero lógicamente no controlo todas las variables y no tenia intenciones de enfrentarme al sistema médico.
¿Qué debería hacer si me diagnostican cáncer?
En ese caso, te animo con toda mi alma a que hagas lo siguiente:
- Antes de comenzar apresuradamente con el tratamiento indicado (esa es la forma como lo enfocan generalmente los médicos), consulta una segunda opinión o una tercera si es que con la segunda aun no tienes la certeza de que el diagnóstico y tratamiento indicados son los adecuados para ti. La quimioterapia, la radioterapia y algunas cirugías pueden tener consecuencias irreversibles y si bien pueden mejorar su situación a corto plazo, pueden empeorarla a largo plazo. Es fundamental que te informes para tomar una decisión con conocimiento de causa.
- Haz cambios en tus hábitos con el fin de ayudar a tu cuerpo a estar en mejores condiciones para hacer frente no sólo al cáncer sino también a los tratamientos. Eso significa tener una alimentación natural alta en nutrientes, predominantemente a base de vegetales. Hacer ejercicio en la medida de tus posibilidades físicas, respetar tus 7 a 8 horas de sueño cada noche y reducir o eliminar el consumo de alcohol.
- Busca identificar la causa raíz del cáncer. El cáncer no se produce por mala suerte y sólo un porcentaje pequeño de los casos se puede relacionar directamente con la genética. Aunque pueden existir casos de cáncer que se originan principalmente con un factor de riesgo como los contaminantes físicos, el tabaco o el alcohol, la mayoría de los casos se deben a una combinación de factores. Un factor de riesgo que tiene gran incidencia es el emocional y al respecto es importante identificar cuáles son las emociones atrapadas que te están generando un nivel de estrés a veces inconsciente, que provoca la respuesta del cuerpo al estrés, que debilita el sistema inmune y facilita el desarrollo de las células cancerosas.