Prevenir el cáncer es posible, es algo biológico, pero la mejor manera no es hacerse los chequeos religiosamente, aunque si claro, es un elemento importante de todo el esquema.
Para lograrlo, es clave comprender que el cáncer no se produce por la mala suerte o porque lo heredamos. La genética tiene una participación muy pequeña y ciertamente tampoco es mala suerte.
Para prevenir el cáncer también es importante comprender que el cáncer tiene ciertas vías específicas a través de las cuales se desarrolla. Entender cómo funcionan esas vías puede ser mucho más convincente que cualquier advertencia general sobre la obesidad o el sedentarismo, tanto para las personas que quieren prevenir como las que ya enfrentan un diagnóstico
Típicamente los pacientes de cáncer experimentan vulnerabilidades físicas o emocionales que preceden al cáncer.
Por ejemplo es típico que al mirar en retrospectiva desde el momento de la concepción y obtener la historia completa del paciente, es posible determinar con bastante precisión por qué tuvieron cáncer. Por ejemplo, recibieron varias rondas de antibióticos que destruyeron su microbiota, estuvieron batallando con un divorcio, tienen problemas con los hijos, experimentaron un trauma importante o cualquier otra clase de problemas, que no faltan en la vida.
Existen factores de riesgo de cáncer que son modificables
De acuerdo con un estudio publicado en le revista Nature Medicine, existen al menos 30 factores de riesgo modificables que inciden en el desarrollo del cáncer. De acuerdo con el estudio el 40% de todos los casos de cáncer a nivel mundial podrían prevenirse: Tres de cada 10 casos en mujeres y 5 de cada 10 casos en hombres.
Entre los principales factores de riesgo de mayor importancia están el tabaco, el índice de masa corporal elevado, poca actividad física, lactancia materna insuficiente, la contaminación del aire y las infecciones.
El consumo de alcohol es otro factor importante, que va en incremento en mujeres que se incorporan a la fuerza laboral.
Parte del problema es que pocas personas se detienen a reflexionar sobre cómo se sienten o si su mente y su cuerpo están en armonía. Estamos tan ocupados que no nos dedicamos a la introspección y nuestro cerebro está saturado de cosas externas que no nos ayudan a estar sanos. Lo que nos puede ayudar a estar sanos somos nosotros mismos. Tú eres el milagro.
5 áreas en las que necesitas trabajar para prevenir el cáncer
El hecho de saber que la obesidad o la falta de ejercicio contribuyen al desarrollo del cáncer no suele ser razón suficiente para motivar acciones que ayuden a prevenir el cáncer, a través de cambiar el estilo de vida..
En cambio, conocer cuáles son las vías biológicas por las que se desarrolla el cáncer y entender por qué fallan, puede ofrecer algo más útil: una visión detallada de las vulnerabilidades y de lo fácil que es abordarlas para prevenir el cáncer.
Ya me he referido antes a que la genética no es importante como factor de riesgo de cáncer. La predisposición genética puede estar presente, pero no es suficiente. Para que la enfermedad se desarrolle es necesario que se activen esos genes y en ese proceso son determinantes los hábitos de la persona.
A continuación, presento las cinco áreas que hay que atender para prevenir el cáncer:
1. Fortaleza del sistema inmune
El sistema inmune está constantemente vigilando la presencia de elementos extraños que pudieran hacer daño al organismo.
Existen una células especializadas del sistema inmune, conocidas como células natural killer, capaces de identificar y destruir las células cancerosas, pero para que eso suceda, el sistema inmune tiene que estar funcionando en buenas condiciones.
Algo tan complejo como el sistema inmune requiere la participación coordinada de distintos elementos. Haciendo un paralelo con una orquesta, para fortalecer el sistema inmune no es suficiente con subir el volumen de cada instrumento.
Para obtener una buena interpretación de una orquesta se necesita que todos los instrumentos suenen sólo cuando deben hacerlo y con la intensidad que les corresponde en cada momento.
Nuestros hábitos cotidianos influyen directamente en la salud del sistema inmune. La calidad del sueño, la forma en que manejamos el estrés o el seguir una dieta rica en nutrientes, pueden mejorar la función de los glóbulos blancos.
Por otro lado, reducir la exposición a carcinógenos ambientales, como los productos químicos industriales y la contaminación del aire y evitar el tabaco y el alcohol puede proteger las células del daño acumulativo que debilita las defensas inmunitarias con el tiempo.
2. Controlar la inflamación
La inflamación es una respuesta natural de nuestro sistema inmune cuando nos hacemos daño, que se refleja a través del dolor, la hinchazón y el enrojecimiento, que indican que el cuerpo está movilizando recursos para curar una lesión. Esta se llama inflamación aguda y debe desaparecer una vez que ha logrado su objetivo.
Cuando la inflamación se mantiene por mucho tiempo, se conoce como inflamación crónica y esta representa las condiciones que estimulan el desarrollo del cáncer. Hoy se sabe que la inflamación puede afectar todos los aspectos del desarrollo y la progresión del tumor, así como la respuesta a los tratamientos.
La buena noticia es que la inflamación es modificable y como consecuencia, es posible que al modificarla también contribuir a prevenir el cáncer.
Las causas de la inflamación crónica se relacionan en gran medida con los hábitos de la persona e incluyen el sedentarismo, el estrés crónico, la obesidad, un desequilibrio de la microbiota intestinal (disbiosis), una dieta rica en alimentos altamente inflamatorios, la falta de sueño y la exposición crónica a toxinas o sustancias químicas. Cada una es una palanca que se puede accionar.
3. Sensibilidad a la insulina
Los niveles crónicamente elevados de insulina activan ciertas vías de crecimiento celular, estimulan la división celular y permiten que las células dañadas sobrevivan el tiempo suficiente para transformarse en cancerosas.
El desarrollo de la resistencia a la insulina se relaciona con la alimentación. El exceso de azúcar y carbohidratos refinados obliga al páncreas a producir cada vez más insulina para estabilizar los niveles de glucosa en sangre, lo que eventualmente provoca que las células dejen de responder eficazmente a la insulina. Si no se controla, la resistencia a la insulina puede convertirse en diabetes tipo 2 y durante todo este proceso, el exceso de glucosa en sangre alimenta el crecimiento de células cancerosas.
La resistencias a la insulina es la conexión más clara entre el consumo en exceso de azúcar refinado y almidones, y el riesgo de cáncer.
Esto se relaciona con el trabajo del Dr. Otto Warburg quien en 1930 obtuvo el premio novel de fisiología, por demostrar que las células cancerosas requieren mucha más glucosa que las normales, dado que su metabolismo hace un uso muy ineficiente de esta como combustible. Por ello la resistencia a la insulina es una situación muy peligrosa, una especie de proliferador del cáncer.
Por esas razones, la resistencia a la insulina debería abordarse con mayor seriedad en el diagnóstico y tratamiento del cáncer, incluyendo la implementación de estrategias terapéuticas más integrales centradas en la reducción de peso y el control de la glucosa.
Hoy en día se sabe con claridad lo que tenemos que hacer para revertir la resistencia a la insulina y ayudar a prevenir el cáncer: seguir una dieta variada con alto contenido de fibra y una alta proporción de alimentos de origen vegetal, hacer ejercicio, perder peso y controlar el estrés.
4. Equilibrio hormonal
El estrógeno y el cortisol son dos hormonas que tienen relación con el cáncer aunque esa relación no ha sido demostrada en forma sólida como es el caso del estrógeno o no es directa como en el caso del cortisol. A continuación lo explico.
El estrógeno
Existe una idea muy arraigada con relación a que la exposición de las mujeres al estrógeno a lo largo de la vida, antes y después de la menopausia, incrementa el riesgo de cáncer. Esta idea viene de la naturaleza de un tipo de cáncer denominado «receptor de estrógeno positivo», que lleva ese nombre porque sus células tienen receptores de estrógeno. A pesar de que las células normales pueden tener también receptores de estrógeno, existe la idea de que en ese tipo de cáncer, el estrógeno es un factor que puede incentivar su crecimiento.
Sin embargo, esa relación causa efecto no ha podido ser demostrada en forma clara. Esas creencias se basan en cosas como la experiencia de un médico hace más de un siglo, quien luego de realizar una ooforectomía (extirpación quirúrgica de los ovarios) lo que eliminaba la producción de estrógeno, sus pacientes de cáncer de mama experimentaban mejoría.
No obstante hoy en día hay tantas evidencias de que el estrógeno incentiva el crecimiento en esos tipos de cáncer como de que el estrógeno no tiene un efecto detectable sobre el cáncer. Y aquí yo quiero quedarme con una idea muy sencilla: Es muy difícil de creer que la naturaleza hubiera dotado de estrógeno a las mujeres (y a los hombres también) sabiendo que le va a hacer daño más adelante en la vida.
Claro, es importante mantener un buen equilibrio hormonal en todo el cuerpo y al respecto, una de las cosas que podemos hacer es reducir la exposición a los xenoestrógenos, compuestos sintéticos presentes en ciertos plásticos, pesticidas y productos de cuidado personal con conservantes, como los parabenos, que son elementos tóxicos y que al tener una estructura similar al estrógeno, el cuerpo los percibe como tales, alterando el equilibrio hormonal.
El cortisol
Por su parte el cortisol, conocido como la hormona del estrés por el papel importante que juega en la cadena de eventos fisiológicos que involucra la respuesta del estés en el cuerpo. Esa es una respuesta automática del organismo, cuando el cerebro percibe que nuestra vida está en peligro y por lo tanto que necesitamos utilizar toda la fuerza física y claridad mental posibles, para hacer frente a la amenaza y defender nuestra vida.
De todos los cambios fisiológicos que se dan en la respuesta del estrés, me voy a referir solamente al freno que se pone al sistema inmune. No puedo explayarme aquí, por ello sólo diré que mientras una persona está peleando con alguien por su vida o escapando de un asalto, lo último que quisiera es ver disminuida su capacidad de escapar por estar sintiendo dolor por la herida que se hizo en el proceso.
El sistema inmune es una arma muy potente y efectiva contra el desarrollo de las células cancerosas. Por esas razones, cuando una persona se ve sometida a cierto nivel de estrés en forma constante, su sistema inmune se verá comprometido también y por lo tanto no estará en condiciones de eliminar células cancerosas de forma efectiva. Esta es la conexión entre el cortisol y el riesgo de cáncer.
Hoy en día es imposible que una persona esté libre de estrés, pero lo que hace la diferencia es que encontremos formas de aliviar o manejar el estrés. Lo que tenemos que hacer es que nuestro cuerpo pase de modo supervivencia al modo relajación, poniendo límites entre el trabajo y la vida personal, haciendo ejercicio en forma regular, cuidando la calidad del sueño o conectando con los amigos y familiares, entre otras muchas cosas.
5. Cuidar la dieta y los procesos de desintoxicación
Nuestro organismo cuenta con un complejo sistema de desintoxicación, en el que tienen un papel distintos órganos, como la piel, los pulmones, el hígado y los riñones. Dicho sistema es muy sofisticado pero como todo sistema, tiene una capacidad operativa y si se le abruma con una carga que no puede manejar, se verá abrumado y eventualmente fallará, permitiendo que se acumulen las toxinas e incrementando el riesgo de enfermedades.
Existen distintos medios por los que podemos abrumar a nuestro sistema de desintoxicación, como una alimentación alta en comida procesada, que aporta cantidades de aditivos artificiales, la contaminación del aire, los plásticos, los pesticidas, etc.
La dieta también puede contribuir a la desintoxicación. Ciertos compuestos vegetales, como el sulforafano presente en las verduras crucíferas, los flavonoides de los cítricos, las catequinas polifenólicas del té verde y la cúrcuma, regulan las vías de protección contra el cáncer y activan las vías de desintoxicación y contribuyen a prevenir el cáncer.
Tanto para prevenir el cáncer como para ayudar en la recuperación, la calidad de la dieta puede ser de mucha ayuda. Y para ello no tiene que ser vegetariana, pero sí debe ser rica en frutas y verduras de todos los colores, que aportan compuestos antioxidantes y contribuyen con los procesos de desintoxicación del cuerpo.
Si te interesa este tema puedes leer ¿Cómo se produce el cáncer?, en mi blog.