
¡Hola! Soy Héctor Talavera. En el 2013 tuve un diagnóstico de cáncer de próstata con metástasis. He superado el cáncer y a través de todo lo aprendido en el camino recorrido desde mi diagnóstico me he vuelto defensor de los pacientes de cáncer. Hoy me dedico a ayudar a pacientes de cáncer, difundo en mis cuentas de redes sociales información orientada a apoyar a los pacientes y a desmitificar la narrativa del cáncer y también doy charlas y webinars con el objetivo de ayudar a las personas a entender de manera sencilla distintos temas de salud, como el origen del cáncer, cómo es posible revertir la diabetes o el impacto que tiene en nuestra salud lo que comemos.
Soy ingeniero y he trabajado muchos años dirigiendo proyectos de cambio tecnológico y organizacional, pero poco a poco me fui metiendo de lleno en el mundo de salud y bienestar y hoy es mi actividad principal.
Mi historia en versión corta
En junio del 2013 me diagnosticaron cáncer de próstata en grado 3 con metástasis en el hueso sacro. Cuando ya se ha extendido el cáncer fuera de la próstata no es recomendable la operación, por lo que sólo queda como alternativa seguir un tratamiento específico denominado «Terapia de bloqueo hormonal» (inyecciones) que salvo excepciones, debe mantenerse de por vida. Dicho tratamiento ofrece buenas posibilidades de mantener contenido el cáncer y que una persona pueda llevar una vida normal por muchos años. No obstante, como ocurre con el cáncer en general, si se dan factores externos negativos, como una mala alimentación, una importante carga emocional, entre otros, es posible que el mencionado tratamiento no sea suficiente para contener la enfermedad.
Busqué otras opiniones
Para estar seguro de que la opción recomendada por el primer médico era la correcta, consulté con dos urólogos-oncólogos más, cosa que te recomiendo fuertemente que hagas si es que estás enfrentando un diagnóstico de cáncer. Confirmado el diagnóstico y la estrategia de tratamiento propuesto, comencé sin demoras con las inyecciones.
Busqué trabajar con un enfoque holístico
En paralelo, tratando de apoyar en todo lo posible al tratamiento convencional de manera de tener las mayores posibilidades de recuperarme, busqué alternativas y comencé casi de inmediato a trabajar con una terapeuta que me guio a hacer cambios en mi vida.
Así fue como comencé a seguir una dieta ovo vegetariana, con restricción total de azúcar y con enfoque naturista, lo que saca de la lista a todos los alimentos procesados. El cambio también consideraba la administración de suplementos (echinacea, ganoderma, uña de gato, etc.).
Tal como más adelante aprendí, la salud tiene tres facetas que están interrelacionadas y que no es posible tener salud integral si las tres facetas no están en equilibrio. Las tres facetas de la salud integral son: Salud física, salud emocional y salud espiritual.
Desde ese enfoque, con la persona que me ayudaba, buscamos trabajar en las tres facetas. En cuanto a lo físico hice el cambio radical de alimentación, comencé a hacer ejercicio en forma regular, a respetar mis 7 a 8 horas de sueño, entre otros aspectos.
En cuanto a lo emocional, esta faceta es muy importante y no suele dársele la importancia que merece. En mi blog he escrito bastante sobre la importancia de las emociones no sólo para reducir el riesgo de desarrollar cáncer sino también para apoyar en la recuperación.
Trabajé mucho con las emociones
Para trabajar el aspecto emocional y con el fin de identificar y procesar las emociones que pudieran ser la causa subyacente de mi cáncer, trabajamos con la terapia de renacimiento. En esta terapia se trabaja con respiración para hacer que conecte el consciente con el subconsciente, de manera que afloren las emociones atrapadas (un término que se usa desde el enfoque holístico).
Adicionalmente, poco a poco fui replanteando mi relación con el entorno, como la familia, amigos, trabajo, la forma de encarar las cosas que te ocurren. A tal punto que hoy considero que soy una persona muy diferente a la que era al momento del diagnóstico.
Con todo ello, era lógico que tuviera buenos resultados. Solamente con las inyecciones es lógico que baje el PSA (marcador principal del cáncer de próstata), pero como digo antes si no hay equilibrio en las tres facetas de la salud integral, no es raro que los resultados no acompañen.
Desde mi diagnóstico y hasta hoy he tenido controles de PSA cada 3 meses. En el primer control ya se vio que el PSA bajó de forma importante hasta alcanzar en los siguientes controles un valor cercano a cero (rango de valores normal es 0 a 4). Así se mantuvo en los siguientes meses.
Un punto de quiebre
A los tres años de iniciado el tratamiento y el cambio de estilo de vida, el cáncer estaba en remisión. De acuerdo con las últimas imágenes el cáncer estaba en remisión es decir la próstata tenia características normales y el tumor del hueso había comenzado a reducirse, algo que los médicos no creen posible. Por otro lado, el PSA se mantenía en un nivel cercano a cero.
En ese punto me plantee algo que ni en sueños lo hubiera pensado al inicio del proceso: Dejar el tratamiento. Cualquiera en su sano juicio, con un diagnóstico de cáncer como el que yo tenía, no se hubiera planteado eso. Lo que ocurre es que siempre ha manejado la idea de darle a mi cuerpo la menor cantidad de químicos, ya que todas las sustancias que le damos a nuestro cuerpo, deben ser descompuestas y eliminadas de nuestro sistema por los órganos, principalmente el hígado y riñones.
Las inyecciones de la terapia de bloqueo hormonal tienen un nivel de toxicidad alto, no comparable ni de lejos al de la quimioterapia, pero considerando que la propuesta era seguir con ellas de por vida y dados los buenos resultados obtenidos hasta el momento con el enfoque integral seguido, me atreví a desafiar a la medicina convecional.
Le propuse a mi médico dejar el tratamiento
En ese punto le propuse al médico que me trataba en ese momento dejar el tratamiento. Su reacción inicialmente fue de estupor, supongo porque no es algo que se lo han planteado con muchas veces. Luego de un proceso de «negociación» accedió a suspender el tratamiento al menos por 3 meses, hasta el siguiente control y de ahí «ya veríamos».
Pasaron casi cuatro años en los que estuve sin las inyecciones, solamente controlando el PSA y haciendo periódicamente controles de imágenes, las que salieron siempre bien. Sin embargo el PSA, comenzó a subir en forma lenta pero sostenida. Yo estaba convencido de que se debía a cosas de la edad y me negué varias veces a aceptar la propuesta de mi médico de reiniciar el tratamiento.
El PSA llegó a alcanzar valores por encima de 7 y aunque no había evidencia de ningún tumor ni en los huesos ni en un órgano, acepté reiniciar el tratamiento. Esta vez con un producto que responde a una estrategia de “mantenimiento”. Con ese producto es posible trabajar con intermitencia, controlando el PSA. Dicho producto se puede aplicar en forma mensual, trimestral o semestral, dependiendo de la dosis utilizada y luego el paciente se puede quedar tranquilo por un tiempo, en la medida que los valores del PSA se mantengan controlados.
Hasta el día de hoy me mantengo en ese esquema. Siempre he seguido con mis controles trimestrales y he aceptado recibir la inyección siempre que mi intuición me decía que era lo que debía hacer.
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Héctor Talavera
